Una breve pausa
Sobre una caja de membrillos hay un hombre de pie que alarga el cuello como una jirafa. Está buscando algo, pero ni él ni la caja lo saben. A su alrededor andan muchas personas, de las que dicen que les gusta ver cómo escurren las gotas de agua por los cristales cuando llueve, de las que se disfrazan en busca de la naturalidad. De pequeño siempre pensó que hacían el chorizo con ese tipo de gente, pero ahora ya le trae sin cuidado.
Flota sobre él una nube sin nombre, de la que brotan imágenes disparatadas. Fotogramas incapaces de conformar una historia, pero que impactan en sus retinas igualmente. Rodeado por el más vasto y profundo caos, hace tiempo que dejó de creer en las confusiones.
De pronto se sobresalta. Frente a él hay un alce, rodeado por una especie de aura sagrada y un fuerte olor a estiércol. Algo en su cerebro, una remota región marchita a base de sinsentidos, le dice que conoce a ese alce. Y desde luego, está dispuesto a escucharlo.