Aridez
Cuando el viento no sopla el amor y el odio huelen igual; la mierda también. Sentado en una roca angulosa y oscura Mario oteó a lo lejos. La nube de polvo parecía no disiparse nunca, lo que sea que fuere se desplazaba siguiendo la línea del horizonte.
Quizá sea un rebaño, dijo.
Adrián escupió secamente al suelo. No lo sé. Podrían ser jinetes.
Pablo dijo que aquí no hay jinetes.
Pablo dice lo que el whiskey quiere que diga.
Los dos hombres comenzaron a bajar la pequeña colina, intentando no resbalar con los guijarros que el tiempo había formado por todo aquel paisaje rocoso. Ambos tostados por el sol, como granos de café dejados atrás en el campo de trabajo.
Caminaron toda la tarde, y parte de la noche. Al final Mario tuvo que detenerse, pues Adrián comenzaba a quedarse atrás. Arrastraba ligeramente la pierna donde el perro le había mordido. El chucho, famélico y cegado por la desesperación, fue a encontrar un fin violento contra aquél extraño hombre.
Caminas despacio. Mario sacó una pequeña bolsa de tabaco negro de un bolsillo y comenzó a desatar el cordel que aseguraba su contenido.
Llevamos días andando.
Tu pierna no parece estar demasiado bien.
Está bien.
Empieza a oler mal. Así no llegarás.
Llegaré.
El hombre se echó algo de tabaco en la boca. Pequeños cúmulos de saliva negra se formaban en las comisuras de sus labios. Escupió. No llegarás.
De algún punto de la oscuridad que los rodeaba les llegó el dolorido aullido de un animal. El día era duro en aquella zona, pero la noche era aún peor. Adrián dormía recostado entre dos rocas. Mario contemplaba el terreno hasta donde la luna le permitía, silencioso.
Si la historia que Pablo les había contado era mentira, ambos morirían abandonados en aquella tierra inhóspita.
¿Alguno tocaba el acordeón?
Yo nunca creería a Pablo, que seguro que quiere que nos violen las prostitutas del condado, para luego vender nuestros huesos por dos pesos. WANTED
llegaré joder! llegaré!
tio… continua esta mierda y la hacemos en corto porfi