Una breve pausa

29 diciembre 2011 Deja un comentario

Sobre una caja de membrillos hay un hombre de pie que alarga el cuello como una jirafa. Está buscando algo, pero ni él ni la caja lo saben. A su alrededor andan muchas personas, de las que dicen que les gusta ver cómo escurren las gotas de agua por los cristales cuando llueve, de las que se disfrazan en busca de la naturalidad. De pequeño siempre pensó que hacían el chorizo con ese tipo de gente, pero ahora ya le trae sin cuidado.

Flota sobre él una nube sin nombre, de la que brotan imágenes disparatadas. Fotogramas incapaces de conformar una historia, pero que impactan en sus retinas igualmente. Rodeado por el más vasto y profundo caos, hace tiempo que dejó de creer en las confusiones.

De pronto se sobresalta. Frente a él hay un alce, rodeado por una especie de aura sagrada y un fuerte olor a estiércol. Algo en su cerebro, una remota región marchita a base de sinsentidos, le dice que conoce a ese alce. Y desde luego, está dispuesto a escucharlo.

Categorías:Misceláneo

Fobias

12 septiembre 2011 3 comentarios

-Chico, ¿vas a subir por esa cuesta?

-Sí. ¿Por qué?

-Es que hay un perro ahí que ya se me ha tirado un par de veces.

-¿Uno negro?

-No, es uno marrón, peludo. Es chico, pero me da mucho susto.

-¿Marrón peludo? Pero si ese perro es minúsculo.

Me doy cuenta de que se refiere a Yako, el perro de Esteban. A los pocos metros aparece el perro en cuestión, acompañado del otro negro. Nos miran durante un instante y después siguen a lo suyo, oliéndose los culos.

-¿Ves? Ahí está. Es que me da mucho susto, en serio

-Pero si no le va a hacer nada. Es muy pequeño.

-Ya, pero es que me da el miedo y lo huele, y viene a por mí.

-Bueno pues usted tranquilícese, que como puede ver, no nos está prestando mucha atención.

Mientras digo esto señalo a Yako, que se aferra al culo de su amigo  intentado penetrarlo a saltitos.

Categorías:Vivencias

El sentido de la vida

27 agosto 2011 1 Comentario

Todos los días haces muchas cosas. Te distraes continuamente, y muchos hasta puede que le encontréis un sentido excelente a vuestras vidas. “Mi vida eres tú cariño”, “Yo soy quien soy gracias al baloncesto”, “Me encanta comer pollas”, son algunos de los motivos que podrían daros por la calle. ¿Pero para qué vivimos realmente? A todos nos lo enseñaron en el colegio (o casi a todos), pero muchos parecen haberlo olvidado: sobrevivir, nutrirse y reproducirse.

Como seres sociales que somos nos hemos montado la película de que el mundo se divide en seres humanos y animales. Lo más detallistas incluso hablan de “animales no humanos”. Y yo me pregunto ¿en qué difiere mi vida de la de un zorro? Claramente el progreso, el avance de nuestra mitad bonita mitad aberrante civilización, ha aportado un montón de matices que podrían distinguir mi vida de la de un raposo. Aunque al fin y al cabo muchos de esos matices carecen de valor biológico alguno.

Detente a pensarlo y verás qué simple es tu vida. Todos los días, para empezar, tienes que comer. Es una de las múltiples conductas que repetirás incansablemente, sin reparar en ellas, para preservar tu vida. Si te pasas 16 horas al día despierto ten en cuenta que al menos la mitad están relacionadas con la comida. Hoy en día parece más difícil verlo, sobre todo si tienes el frigorífico siempre lleno de comida y no eres tú el que cocina. Pero imagina cuánto tiempo tendrías que dedicar al día para conseguir alimento, y luego prepararlo, si esto no fuese así. Todo el día con la comida dándote vueltas en la cabeza, el motivo principal por el que estás vivo. Parece que lo que de verdad importa es la amistad y el amor, pero no es así. Como bien pensó Maslow, todo eso no tiene importancia si no cubres antes las necesidades básicas. Cada día, por encima de tu pareja, tus padres, o tu perro Toby, estás eligiendo nutrirte.

Nutrirte, claro está, tiene consecuencias desagradables que las pijas quieren hacernos creer que no existen: excretar. De las 16 horas que pasas al día despierto, una vez restadas las destinadas a conseguir alimento y nutrirte, réstale las que dedicas a excretar los residuos que produce la nutrición, o a pensar cómo y donde los vas a evacuar (algo muy patente cuando no estás en tu cómodo hogar). Sin duda aquí se nos va un tiempo genial que podríamos estar dedicando a hablar de poesía o visitar museos de arte. Se nos va el tiempo en algo repugnante, vergonzoso.

Y están las 8 horas diarias de sueño (que está claro que aquí nadie duerme 8). Ni puta idea de para qué sirve dormir*, pero estamos atados a perder 1/3 de nuestra vida en esa bonita inconsciencia. Más aterrador aún es pensar que en el caso de que vivas 90 años, te habrás pasado una media de 30 durmiendo. ¡30 putos años! Me quedo alucinado cuando alguien me dice que duerme la siesta regularmente.

Bueno, y no hablemos de la reproducción. Todo el mundo hace el amor porque es algo bonito, y porque es algo placentero. Pero eso no lo has decidido tú, eso es algo determinado filogenéticamente, algo propio de todas las especies. El tabaco lleva nicotina para que sigas fumando, el cerebro experimenta placer para que sigas follando. Ese placer ni siquiera es tuyo, estás esclavizado de algún modo a él. Y si no te lo crees mira a las pobres mantis macho, condenadas a tener sexo aunque después la hembra les devore la cabeza.

En resumen, eres solamente otra alimaña más. Una alimaña especial, que divaga demasiado entre bocado y bocado. Una alimaña que, por encima de todo, lo que quiere es sobrevivir a toda costa; puede que sólo genéticamente, porque si hay algo que me distingue de verdad de ese zorro, es que soy consciente de mi inevitable fin.

*Desde mi punto de vista poco profesional puedo limitarme a replicar argumentos de otras personas. Pero como suelo atender poco simplemente diré: 1.El cuerpo podrías descansarlo estando tumbado, sin necesidad de estar inconsciente. 2. Si el cerebro necesita desconectar durante el sueño ¿por qué la actividad cerebral es tan elevada en la fase REM?

Categorías:Reflexiones

Sueños lúcidos

8 agosto 2011 5 comentarios

Todo empezó hace unos cuantos años. No ha sido cosa de unos días, sino de una larga y sutil transición. El caso es que tenía una pesadilla que se repetía siempre igual, y que me hacía despertarme con el corazón acelerado y confuso a menudo.

Me despertaba en mitad de la noche, con el cuarto a oscuras. Estaba tumbado en la cama, nervioso. Intentaba encender la luz, pero al presionar el interruptor (lo tengo al alcance de la mano)  no pasaba nada. Entonces todo empezaba. Notaba algo al pie de mi cama, mirándome. Intentaba gritar, pero sólo conseguía boquear sin producir sonido alguno, y empezaba a notar un cosquilleo por todo el cuerpo. No podía mover ningún músculo, ni mirar hacia lo que me acechaba. Aterrorizado y paralizado, lo único que podía hacer era suplicar mentalmente que no me hiciera nada.

Normalmente después de un rato suplicando volvía a abrir los ojos y me encontraba tumbado en la cama a oscuras, nervioso. Le daba al interruptor y la luz se encendía.

Suelo tener sueños bastante realistas, y este destacaba entre todos. Las primeras veces pensaba que incluso era real, y más de una noche me he acostado asustado. Era un sueño demasiado largo y realista, demasiado desagradable. El agobio en estado puro.

Durante mucho tiempo el sueño fue repitiéndose una o dos veces a la semana. Intercalado con otros sueños fue estropeándome más de una noche. Después desapareció. Disfruté de una larga época de surrealismo onírico hasta que volvió a aparecer. Pero esta vez reapareció con fuerza, jugando con mi cordura más aún.

El sueño era el mismo. La luz no se encendía, y yo suplicaba por mi vida en mi cama. Lo malo es que ahora cuando conseguía despertar asustado todo se repetía. Volvía a despertar en mi cama y la luz seguía sin encenderse. Así podía pasarme lo que para mí eran eternidades. Recuerdo una noche en la que se repitió entre 10 y 15 veces. Ahora que he visto Origen me hace incluso gracia: despertaba de un sueño y seguía soñando. Lo malo es que eran pesadillas, una pesadilla dentro de otra. La muñeca rusa de las pesadillas.

Lo bueno es que a esas alturas ya me daba igual. Ya sabía perfectamente que era un sueño, así que no me importaba. Lo malo es que era un sueño tan realista, en el que podía pensar tan claramente, que la sensación de agobio y de no poder salir de las repeticiones era horrible.

Y aquí fue cuando llegó el verdadero cambio, años después. Ya no lo soñaba una vez por semana, sino quizá una vez por mes. Una noche volví a despertar en mi cama, y la luz no se encendía. Algo me miraba, y no podía moverme. Pero esa noche era diferente: ahora no suplicaba por mi vida, ahora estaba cabreado. Y entonces intenté levantarme con más ganas que nunca. Era como si tuviese un enorme peso en el pecho, como si todas mis extremidades estuviesen dormidas. Pero al final lo conseguí, me puse en pie, y encaré a lo desconocido que me acechaba. Lo recuerdo como una sombra, brillante en cierto modo, a los pies de mi cama permanecía inmutable. Y lo hice, lo agarré fuertemente por el cuello y lo estrangulé. Puedo recordarlo poéticamente, el levantarme y encarar mis miedos. Si en aquél entonces me hubiese leído La hierba roja me habría comparado en aquello con Lazuli, pero aún no había conocido tan maravilloso libro.

El sueño seguía repitiéndose, pero ahora yo tenía el control. Siempre me levantaba con gran esfuerzo, y acababa con mi miedo. Un día dejé de despertarme después de estrangular a lo desconocido, y empecé a vagar por mi cuarto, cada vez más consciente de que soñaba.

A día de hoy ya nada me acecha, ahora despierto en mi cama tranquilo. Ni siquiera me molesto en encender la luz, ya sé que estoy soñando. En cierto modo es raro, es como si me levantase y siguiese acostado a la vez, como verme a mí mismo. Me levanto y salgo a mi balcón, sin abrir la ventana, una barrera física sin importancia cuando sueñas. Ahora soy plenamente consciente de que nada es real, de que soy libre de manipular la realidad a mi antojo. Ya había tenido sueños lúcidos antes de este, pero como algo raro y esporádico. Ahora se suelen repetir con frecuencia, y tengo que reconocer que es una experiencia increíble. Intento no excitarme demasiado (emocionalmente), porque es como si sólo una fina película viscosa me separase de estar despierto, y si no tengo cuidado es fácil romperla y echar la oportunidad a perder.

De pie, ante lo desconocido, ahora puedo sonreír. Ya no me hago preguntas, ya no me importa. Ahora sólo aprovecho la oportunidad cada vez que se me presenta… y sueño.

Categorías:Vivencias

Aridez

27 julio 2011 4 comentarios

Cuando el viento no sopla el amor y el odio huelen igual; la mierda también. Sentado en una roca angulosa y oscura Mario oteó a lo lejos. La nube de polvo parecía no disiparse nunca, lo que sea que fuere se desplazaba siguiendo la línea del horizonte.

Quizá sea un rebaño, dijo.

Adrián escupió secamente al suelo. No lo sé. Podrían ser jinetes.

Pablo dijo que aquí no hay jinetes.

Pablo dice lo que el whiskey quiere que diga.

Los dos hombres comenzaron a bajar la pequeña colina, intentando no resbalar con los guijarros que el tiempo había formado por todo aquel paisaje rocoso. Ambos tostados por el sol, como granos de café dejados atrás en el campo de trabajo.

Caminaron toda la tarde, y parte de la noche. Al final Mario tuvo que detenerse, pues Adrián comenzaba a quedarse atrás. Arrastraba ligeramente la pierna donde el perro le había mordido. El chucho, famélico y cegado por la desesperación, fue a encontrar un fin violento contra aquél extraño hombre.

Caminas despacio. Mario sacó una pequeña bolsa de tabaco negro de un bolsillo y comenzó a desatar el cordel que aseguraba su contenido.

Llevamos días andando.

Tu pierna no parece estar demasiado bien.

Está bien.

Empieza a oler mal. Así no llegarás.

Llegaré.

El hombre se echó algo de tabaco en la boca. Pequeños cúmulos de saliva negra se formaban en las comisuras de sus labios. Escupió. No llegarás.

De algún punto de la oscuridad que los rodeaba les llegó el dolorido aullido de un animal. El día era duro en aquella zona, pero la noche era aún peor. Adrián dormía recostado entre dos rocas. Mario contemplaba el terreno hasta donde la luna le permitía, silencioso.

Si la historia que Pablo les había contado era mentira, ambos morirían abandonados en aquella tierra inhóspita.

Categorías:Misceláneo

Mi pene nunca fue verde

19 julio 2011 2 comentarios

El aire quieto, estancado. Una mosca enorme zumbando ruidosamente por toda la habitación. El impulso de aplastarla juguetea en mi mente con el sabor amargo de los recuerdos.

Willy Fog, daba la vuelta al mundo con sus amigos; al otro lado de la pantalla estuve yo, siguiendo su viaje. Pero de eso ya hace años, años desde el día en que vi los Mosqueperros en la cama de mi madre, enfermo.

Mi primo dándole patadas a una pelota, que golpea la pared y vuelve a él. El movimiento me hipnotiza. Repeticiones perfectas, hasta que resbala y cae de espaldas al suelo. Un golpe seco y boquea emitiendo extraños sonidos, sin respiración. Me siento en el suelo para ponerme las zapatillas. Puede estar agonizando, pero por alguna razón no me apetece correr descalzo a pedir ayuda.

Me miro en el espejo, en casa de mi tía. La cabeza me sangra. Las paredes de ladrillo son preciosas, una maravilla. Hasta que te caes de la bici y te golpeas la cabeza con ellas. Llevaba un bocadillo en una mano, y un insecto en la otra, así que la caída era inevitable. Veo la habitación en penumbra, repleta de sombras, aunque puede que una fuerte luz brillase en el techo.

El moscardón zumba encima de mi cabeza. Tendría que haber cerrado la puerta de mi cuarto, de todas formas el aire no corre aunque esté abierta. Está estancado a mi alrededor, como un líquido espeso. No sudo, aunque quizá no es posible sudar bajo el agua.

Bajo por la cuesta de tierra, con la bici que encontró mi abuelo. El camino está lleno de baches, y las partes inservibles de la bicicleta se desprenden como las escamas viejas de un reptil. Al llegar abajo no tengo guardabarros, ni un par de reflectores. Ya los recogeré a la vuelta, aunque nunca más los volveré a colocar en su sitio. Años después seguiré encontrándome el guardabarros allí, con la misma pintura blanca desconchada, dejando al descubierto el hierro oxidado. En el fondo me identifico con él. Aunque yo no soy un guardabarros, ni estoy pintado de blanco, ni desconchado, ni oxidado ni tirado en el árido suelo almeriense. Pero eso son detalles sin importancia.

El zumbido me distrae momentáneamente, intento no prestarle atención. Como aquella vez sentado en casa, con un extraño siseo que no lograba identificar. Al principio ignorado, oculto. Luego encontrado en un rincón. La cochera se estaba inundando. Las cocheras siempre se inundan cuando quieres leer tranquilo.

Entonces todo se calla. El mundo vuelve a estar quieto otra vez, pero yo sigo escuchando al moscardón zumbar en mi mente. De repente me doy cuenta: no es el moscardón, es el odio. El odio del que no me puedo desprender, el odio que me asquea, como ácida bilis en la garganta. El moscardón no tiene la culpa de nada. Nunca la ha tenido.

Abro la ventana y lo incito a salir. Se pierde a lo lejos.

Categorías:Misceláneo

Criptomnesia

26 junio 2011 1 Comentario

Hoy estudiando (por eso actualizo tanto) me he encontrado con el nombre de éste peculiar fenómeno, al que hasta ahora temía sin conocer su nombre real.

Criptomnesia. Se puede entender muy bien con un sencillo ejemplo: Imagina que quieres hacer un monólogo. Se te ocurre un chiste buenísimo, sobre la prostitución por ejemplo. El caso es que quedas encantado con una ocurrencia tan brillante, y el día que cuentas tu monólogo alguien no se rie y te dice:

-¡Eh, hijo de puta! Ese chiste no es tuyo, se lo has copiado a Fulanito.

Resulta que tú un día hace 5 años escuchaste el monólogo de Fulanito, y contó ese chiste. Pero tú no te acordabas hasta ahora, que ha surgido en tu mente como invención propia.

Es básicamente eso. Tener una idea que se considera como propia, personal, pero que en realidad está inspirada en una experiencia anterior (con esa misma idea) que no se recuerda. Y yo lo suelo pensar muchas veces, con lo que intento no propasarme con el hecho de mira qué guay y original soy. La verdad es que hoy en día la originalidad es difícil, porque para ser original de verdad habría que producir algo sin basarse en otro algo similar. Por lo que visto así la originalidad no existe, ni el altruismo, ni el puñetero Espíritu Santo.

También se puede dar el caso en el que dos personas tengan la misma idea a la vez. Pero es más difícil. Sobre todo cuando una de esas personas muere en el parto.

Categorías:Reflexiones

Más libros y menos pajas VI

26 junio 2011 Deja un comentario

Viendo el desastroso éxito de las anteriores ediciones, he decidido regalaros una nueva entrega de todos esos libros que podríais estar leyendo en vez de desperdiciar vuestras vidas riendo, soñando, amando y todas esas polladas que hacéis hijos de puta. Sé que no os vais a leer ninguno de los libros que mencionaré a continuación. Con el único que conseguí éxito fue con Juego de Tronos de Canción de Hielo y Fuego, saga a la que empezaré a cogerle un asco grandísimo conforme me vaya haciéndo más consciente de cómo el número de fans va creciendo exponencialmente con la emisión de la serie de Tv. Y sin más dilación ahí van parte de los grandes éxitos invierno-primavera del 2011:

20. La piel fría, Albert Sánchez Piñol (2003): Un tío irlandés acepta un puesto como oficial atmosférico en una isla minúscula. Allí sólo habrá un habitante más, Battis Caffó, el encargado del faro. Una joya que descubrí en internet y que quise poseer a toda costa. Una temática que me llama mucho la atención, no es apocalíptico pero encaja perfectamente en esa ambientación con la que me recreo de vez en cuando. Me lo leí en dos noches de pasión, y sólo le encontré una pega: el capítulo 2 (si mal no recuerdo) habla del pasado del protagonista como guerrillero. Puede que haya a quien le guste, pero a mí me pareció un capítulo horrible en un libro excelente.

21. El silencio de los corderos, Thomas Harris (1988): ¿Te gustó la película? Si la respuesta es sí me temo que te has jodido el argumento de un libro estupendo. Aunque todavía puedes disfrutar de él aunque te lo sepas. Así conocerás a ese bonito personaje con el que tantos adolescentes granudos se han emocionado (y se han sentido identificados, en el ámbito olfativo-vaginal). Otro libro más que te deja un buen sabor de boca.

22. Tan lejos como los pies me lleven, Josef Martin Bauer (1955): Lo que sin duda me llamó la atención de este libro es que está basada en una historia real. Clemens Forell, un soldado nazi capturado y condenado a pasar 25 años en una mina de plomo en siberia. Sabía que después de ese tiempo (e incluso mucho antes) moriría por los efectos tóxicos del plomo. La historia de lo que un ser humano puede aguantar cuando persigue una meta, de cómo una persona cruzó siberia con el único deseo de volver a ver a su familia.

23. Drácula, Bram Stoker (1987): Qué os voy a decir que no sepáis ya de la historia. Me gustó bastante la ambientación con el vampiro clásico, y cómo estaba escrito en forma de diarios. Lo malo es que la historia es bastante típica, en el sentido de que hay un malo malísimo cuyas habilidades poderosísimas se ensalzan cada 5 segundos pero luego es un papanatas, y también porque el bien triunfa. Pero es un clásico que merece la pena ser leído.

24. Las aventuras de Huckleberry Finn, Mark Twain (1885): Ya que estamos con los clásicos no podría faltan esta obra maestra. Una ambientación que me gusta bastante, con ese estilo de vida sencillo y antiguo de Estados Unidos (que quitando la masacre de indios y el esclavismo, no debería tener nada malo). Nos cuenta la historia de un chico que no quiere estudiar, que quiere vivir aventuras y un buen día decide escaparse y viajar por el Mississippi con una balsa y su amigo Jim. He de decir que con este libro me descojoné muchas veces. La verdad es que el personaje es gracioso de por sí, sobre todo cuando para salir del paso se inventa unas mentiras bastante elaboradas (que hacen insignificantes a mis mentiras a su lado) con las que se me han llegado a saltar las lágrimas en los pasillos de la facultad de tanto reirme.

25. La guerra de los mundos, Herbert George Wells (1898): Narra cómo tiene lugar una invasión alienígena en Londres. Cómo la resistencia humana fracasa una y otra vez mientras que los simpáticos marcianos no cesan en sus intentos de acabar con una raza que sólo parecía fuerte asesinando animales con escopetas. Tienes aquí una historia que podría haber sido verdad, o que puede que sea verdad algún día. Hay muchos que creen en la existencia de los alienígenas. Yo sólo espero que si vienen y esclavizan a la especie humana nadie se queje, aunque me da a mí que habría más hipocresía que cuando un torero muere.

26. La maravillosa vida breve de Óscar Wao, Junot Díaz (2007): Un chico dominicano que quiere ser escritor. Además enamoradizo. Intenta cambiar su vida a toda costa, triunfar en la escritura, ligarse a alguna de esas chicas con las que sueña. Pero la verdad es un fokin gordo, tremendo loser. No sé por qué me llamó la atención el argumento, y me gustó el libro casi en su mayoría. Y digo casi en su mayoría porque resulta de también te cuentan la vida de la madre y la hermana (que se podrían resumir en una, porque son básicamente iguales) que ni me interesaban ni me interesaron después de tragármelas aburrido. Pero aun así no me arrepiento de habérmelo leído.

Y ahora, como no podía faltar en esta edición, vienen esos libros que no te tienes que leer (y que seguramente sean los únicos que te leas). Esos pocos casos en los que un libro me convence al verlo tan bonito en la librería, al leer tantas cosas bonitas en internet y que luego me hace pensar: Me cago en sus muertos.

27. Fahrenheit 451, Ray Bradbury (1953): Supuestamente el título del libro hace alusión a la temperatura a la que el papel de los libros arde: antes de que me muera tengo que probar si es verdad, metiéndole fuego a este libro. No es que sea un mal libro la verdad, seguro que le gusta a mucha gente, y es el favorito de muchas personas. El caso es que va de una sociedad antiutópica, en la que los bomberos en vez de apagar incendios queman libros, la gente tiene prohibido básicamente ser inteligente (cosa que se podría definir como realidad más que  como antiutopía) y las galletas oreo son dos láminas de crema blanca con una lámina de galleta en el medio. Un día de estos uno de los bomberos empieza a pensar, y ya os lo podéis imaginar. Ohhh cambiemos ésta sociedad cruel, reconstruyamos el mundo con nuestros sueños, hagamos lo imposible. Qué angustia de libro, demasiado lleno de cosas bonitas para mí. Además tiene las metáforas más largas y coñazo que he visto en mi vida. Que si luz, o pelos, que brillan como cristales de leche y no se qué mierdas más. La polla sí que me brilla a mí, metaforiza eso hijoputa.

Y ahora redoble de tambores, que me voy a condenar a mí mismo:

28. Cuentos, Edgar Allan Poe (el año que fuere): Me compré este libro por todo el hype que hay en internet. Por todos lados veo a Poe pintado como si fuese la reencarnación de Dios, destinado a ilustrarnos con sus escritos. Y empecé con mucho entusiasmo. Pero no os voy a engañar, me lei 5 o 6 cuentos y a tomar por culo libro. Puedo afirmar que en mi vida no he abandonado más de 5 libros (algún día intentaré recordarlos), que por muy aburrido que sea me obligo a mí mismo a leerlo para tener una visión más completa para soltar improperios (y el que no me crea que tenga el valor de leerse El diciembre del decano. Venga, vacilones). Pero los cuentos de Poe me sobrepasan. Yo no sé vosotros, pero cuando iba por el tercero o el cuarto me daba la sensación de que me estaba leyendo lo mismo otra vez. Todos los cuentos van de alguien que te revela su historia que nadie creería, por la que todo el mundo lo tomaría como un loco. Siempre lo mismo. Si tuviese que comparar a Poe con alguien sería con Stephen King. Y es que cuando te lees 3 libros de Stephen King ya lo has visto todo. Gente que ha encontrado una fórmula que tiene éxito y que la han exprimido hasta la saciedad.

Y aquí acabo por hoy. He intentado hacerlo largo, porque llevaba mucho tiempo sin hablar de libros y se me están empezando a acumular. En la próxima entrega hablaré de Hesse con Siddharta y El lobo estepario, de Camus y El extranjero, de Colmillo Blanco, de 1984, de Sueño del Fevre, El nombre del viento,y el legendario (y ciertamente homosexual) El señor de los anillos. Pero sobre todo del GLORIOSO El guardián entre el centeno, al que me gustaría dedicarle una buena entrada (dentro de mis limitaciones de tontopollicas). Aunque en vez de calentarme la cabeza en alabarlo en mi miserable blog es posible que invierta el tiempo en leermelo de nuevo, y vomitar de la risa.

Categorías:Literatura

El timo más grande

22 junio 2011 6 comentarios

Y aquí estamos en plena época de exámenes. Desesperación, llantos, agobios. Ay que no me da tiempo, ay que es muy difícil, ay que me han pegado un hachazo en el pecho. ¿Pero nadie lo ve? Una y otra vez lo mismo, el gran timo universal: la educación española. Digo española porque es la que me ha tocado a mí, que no tengo ni idea de cómo será en otros países.

¿Y cómo es la educación española? Pues lo dicho ¡un timo! Si queréis que os sea sinceros, mis queridos lectores anormales, a mí lo único que me han educado desde pequeño es la memoria.

Pasé por el colegio, todo era bonito y genial. Aún no tenía pelos en la cara, ni en los huevos, y todo era alegría. Te memorizabas un par de folios de cosas que no te interesaban y ¡pam! un 10. Yo le pillé el gustillo, fue mi etapa de oro. Me exigía un esfuerzo tan ínfimo que no llegaba a hastiarme.

Me hice mayor y pasé al instituto con las piernas belludas y dolor en los pezones. Allí estaba yo, afrontando nuevos retos hasta ahora desconocidos. De repente conocimiento del medio se desdobló en 2 grotestas asignaturas: biología y física/química. Al princio me asustaron, con sus pintas de cabronas, pero luego vi lo que se ocultaba detrás. Otra vez la misma mierda ocupaba mi tiempo. Ahí sí empecé a cogerle asco, porque los 2 folios se convirtieron en temas y los exámenes se multiplicaban. Cada vez me exigían más, y cada vez crecía más en mí la pereza. Cuatro años pasé en un edificio más grande, con más fauna. Se acabó la ESO y abrieron el coto de bachillerato. Yo por supuesto me cogí letras. ¿Por qué? Porque se inventaban menos palabras, y ponían nombres más sencillos a sus temas. No es que no me gustaran las ciencias, pero yo ya no tenía ganas de estudiar. Seguía memorizando cosas sin importancia, que jamás aplicaré. Filosofía consiguió hacerme vislumbrar la posibilidad de aplicar mis pensamientos en una asignatura por primera vez. Y coño qué bien me fue, por fin podía decir algo que no había memorizado. Pero se acabó, y por mucho que me gustara la carrera no tenía pinta de tener futuro.

El futuro amigos, eso que te meten en la cabeza desde pequeño. Yo yo me preguntaba ¿así me estoy jugando mi futuro? Pues el futuro es de risa.

Y aquí llega el momento tan esperado, estudiar una jodida carrera. ¿Qué iba a hacer si no? Impulsado por la presión social me metí en el oscuro mundo universitario. Ahora empieza lo difícil pensaron algunos. Vayáis a creeros que en la universidad va a ser todo tan fácil decían los profesores. Se me erizó el vello ante el peligro, y al final vi mis temores confirmados… Ah no, espera, ¡una santa mierda! Otra vez igual, y ahora con letras y ciencias por igual. Ya llevo 3 años y todavía me parece increíble que sigue siendo lo mismo. Memorízate folios y folios de cosas que no te interesan. Aprende a recitar la materia en el examen. Ni siquiera te exigen que seas inteligente (cosa que queda patente cuando la que creías -acertadamente- que era posiblemente la persona más tonta del mundo saca una nota altísima). Sólo que sepas memorizar. Y te ves atrapado en un redil de ovejas que mean y cagan el suelo a tu alrededor.

Y al final lo único que consigues desarrollar más que la memoria es la pereza. ¿Para qué voy a estudiar una semana antes como tantos otros? Sabes que puedes mirártelo todo 1 día antes (2 si la cosa es muy fea, y 3 si son muchos folios) y aprobar perfectamente. ¿La motivación? La vendí hace muchos años, para comprar juegos de la play 2. Y es que ya que no voy a pensar prefiero al menos luces de colores que me quemen las retinas.

La verdad es que es una pena, te dejan hecho un asco. A veces te haces incluso ilusiones tontas, pero se te pasan rápido.

Pero lo verdaderamente triste es cómo se desperdicia el ingenio, cómo se desperdician aquellos que realmente valen. La gente como mi buen amigo Pablo podría triunfar en esta educación de broma. ¿Por qué no lo hacen entonces? Pues porque es tan fácil y absurdo que ni siquiera merece la pena. Que al final llegarán lejos, pero se saltarán muchas cabezas que podrían pisar.

Que alguien me diga si me equivoco. Pero esta es una opinión de un estudiante más, que cuando mira hacia atrás sólo ve años desperdiciados. Seguro que a estas alturas podría ser un carpintero genial.

PD: He de mencionar que no todo me parece así. Mis respetos a Mario y Jose Alcalá, con matemáticas e informática respectivamente. Tendrán muchas cosas que memorizar, pero joder, al menos ahí tienes que pensar de verdad. No me imagino a muchos tontos aproBBBBBBando carreras de ese tipo, pero en el mundo hay de todo.

PD2: Aprovecho la corrección del fallo que bien han señalado mis audaces amigos para mencionar otra cutreza: Nadie se asegura de que hayas asimilado los conocimientos, sólo de que te los sepas el día del examen.

Categorías:Reflexiones, Vivencias

19 junio 2011 Deja un comentario

Si algo me ha enseñado mi gato hoy, es que cuando un gorrión hace demasiadas veces el mismo recorrido acaba muerto.

De aquí puedo sacar diversas conclusiones. Si lo tomo como metáfora, puede que quiera decir que mis métodos de estudio algún día fracasarán. Que eso de estudiar siempre en el último momento acabará costándome caro. Que los malos hábitos pasan factura.

O también puedo deducir que esa gorriona estaba apollardada. Su canto se tornó en silencio, uniéndose a la orgía de plumas y sangre que trae esta época en la que los nidos eclosionan en un millar de bocas. Bocas que piden sin cesar. Bocas que un día surcarán los cielos. Bocas que se hunden en bocas.

Y yo prefiero las albóndigas a la croquetas. Están buenísimas las muy hijas de puta. Y a veces, por qué no, me descojono pensando en las mentiras.

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